jueves, 4 de septiembre de 2014

En el espejo de otro

En el espejo de otro

Esta vez no hice una entrevista formal para algún medio periodístico, como solía hacerlo, sino ir a desayunar con la escritora Beatriz Graf justamente para entender por qué su libro En el espejo de otro hizo lo que quiso con todos mis estados de ánimo.

--No lo pude soltar hasta el final – le dije –y además lloré mucho con muchos personajes.
Resultó que Beatriz Graf, quien ha sido una experta cuentista y tiene varios libros publicados (Huellas digitales, La libreta morada, Contra nadie en la batalla, Con secuencias y Asunto: la luna a cucharadas) producto de los talleres que ha tomado con Elena Poniatowska, Edmundo Valadés, Gonzalo Celorio, Agustín Monsreal y Beatriz Rivas, ahora nos presenta una novela tan entrañable como que uno no la puede soltar.
Cuando le dije que no había parado de llorar, no pudo evitar sonreír con todo su ser, con toda la experiencia que también tuvo con sus personajes, quienes, al parecer, cobraron vida desde el inicio de su creación.  
Sus cuatro años de investigación sobre la época porfirista y toda la decena trágica no fue en vano. Sus ojos también me dijeron que su libro estuvo hecho para que los lectores nos viéramos reflejados en el espejo de otro o de muchos otros, pues en ese magistral tejido que hace entre historia, juego del tiempo y del espacio, recursos narrativos muy bien pensados para distinguir a los gemelos (los personajes principales), la atmósfera que nos envuelve con sus olores, sabores y colores del México de la Revolución y, por supuesto la psicología bien lograda de cada uno de los cientos de personajes que aparecen en la historia, cerré el libro nada más porque se terminaron las páginas, pero mi experiencia sigue viva dentro de la familia de los gemelos Nillsen.
--Mira Adela, ahora, con esta novela comprobé que sí existe eso de que los personajes son los que dictan el curso de la historia, pues nunca supe lo que iba a pasar. Yo tampoco sabía en qué iba a terminar hasta que escribí el final.
Los bisabuelos de Beatriz eran hermanos y de ellos tomó la esencia que caracterizó a los gemelos de su novela, pero estos le dieron la vuelta y le mostraron una historia que ella no conocía.
Los gemelos Per Eriq y Oskar Nillsen son los guapísimos que se ilustran en la portada de ediciones B, aunque, como dice Beatriz, los retratan vestidos igual, cuando en realidad eran diametralmente opuestos en su manera de ser.
--Aunque digan que los gemelos siempre piensan igual, hacen todo igual y su vida es igual, para mí, cada uno tiene su individualidad.
Bueno, pues los gemelos escapan de Suecia porque ya no aguantaban los maltratos de su padre. Llegan a México y se separan. Uno se queda en el Distrito Federal y el otro se va a Toluca y cada uno vive la situación social, económica, cultural y política del país desde su muy personal enfoque y condición. Uno es más de derecha y el otro más de izquierda. Cada uno tiene una vida amorosa, una descendencia y valores tan distintos que nos permiten viajar y entender todas las circunstancias que se marcaron en esa época y que, sin duda, todavía existen.
Ningún personaje es gratuito. Todos son entrañables, desde los mismos padres de los gemelos, los gemelos, las esposas, las amantes, los amigos, los trabajadores, los hijos legítimos y no legítimos. Cada uno nos abre la puerta de su mundo individual y, sin decir nombres y circunstancias, de pronto, lectores, nos vemos comiendo con ellos, caminando por las calles del centro, brindando con Porfirio Díaz, galopando con Emiliano Zapata, muriendo de dolor con los que allí mueren de la forma más violenta, motivo que hermana aquella época con ésta. Yo sigo de luto con la muerte de varios de ellos que se me quedaron en el alma, pero no quiero dar nombres ni dar detalles para que cuando lo lean, les resulte tan sorprendente como a mí.
Pero sí les puedo decir que sigo caminando con ellos por las entonces nuevas calles y que también existieron para mis abuelos y para mis padres y para mí y ahora para mis hijos. Sigo llendo al Palacio de Hierro que entonces también existía y al restaurante San Angel Inn y a veces voy al Sanborns de los Azulejos que antes fue el Jockey Club.
Después de la novela, camino en sepia y a color. Se ha creado en mí un switch en mi concepción de la historia de México. El libro de Beatriz me ha abierto la puerta a la antigüedad que es hoy y a la modernidad que fue ayer.
La soledad y nostagia de cada personaje abre una brecha profunda o, más bien, me hizo ver la brecha profunda que existe en toda la condición humana tan negada a abrir el corazón. Exceso de dolor, por Dios, ¡cuánto dolor!
Cada personaje está tan vivo que lo invita a uno a su propio mundo, un mundo tan individual y, sin embargo, tan inmerso en la colectividad. ¿Por qué lo digo? Porque con que uno de los personajes falte, cambia el resto de la historia. El movimiento de uno determina el movimiento del resto.
La novela cumple con la idea de que el universo es como una telaraña y que invariablemente todos los seres vivos conformamos parte del tejido. Así, basta con mover un cachito para que se mueva el resto del universo.
En ese sentido, Beatriz Graf es la maestra de este tejido geométrico. Su novela es una telaraña perfectamente diseñada para llevarnos y traernos a su antojo, y la única que camina libre en este viaje inolvidable es ella, la escritora, pues tanto personajes como lectores (al menos yo), hemos quedado atrapados sin remedio en sus páginas y buscamos, afanosamente, cómo salir del atolladero.
El enigma del siglo XX mexicano, que bien se anuncia en la portada, no sirve para revelarnos secretos sino para meternos en ese mismo enigma, vivirlo a todo dar, pues nunca se sabe qué pasará, sino hasta que el destino de las páginas lo dicta.
En este libro encontré todo: historia,  los distintos sabores del amor, erotismo, mucho erotismo, imágenes poéticas, guapura (los gemelos me parecen guapísimos), tierra, comida, olores, todos los sentidos, realmente un deleite y un ardid, porque es verdad que nos invita a vivir otras vidas y ser parte de la tan contrastante y caótica familia Nillsen.



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