lunes, 1 de diciembre de 2014

Por los caminos de Proust: Entrevista a Edmundo Valadés

Para conmemorar  el fallecimiento de ese escritor maravilloso, de quien tengo maravillosos recuerdos, Edmundo Valadés, les comparto la entrevista que le hice y se publicó el miércoles 3 de febrero de 1993 en la seccion Cultura de El Nacional. Lástima que no tengo foto.

Por Adela Salinas

Escritor de La muerte tiene permiso, de Las dualidades funestas, de Excerpta, de El libro de la imaginación, de La revolución y las letras, de Sólo los sueños y los deseos son inmortales, Palomita y de Por caminos de Proust, Edmundo Valadés nació en Sonora en 1915, y desde ese año, aunque él lo ignorara, sus genes sabrían que se dedicaría a las letras y entonces le despertarían su propia capacidad de observación y lo guiarían por la vida con los ojos llenos de fantasía para que, además de escribir, se hiciera cómplice de Marcel Proust.
--Dice usted que Proust es el novelista más estudiado, comentado y escuchado de este siglo, ¿cómo lo escudriña usted?
--Lo escudriño leyéndolo. Releyéndolo. Yo, por lo menos, lo he leído completo casi tres veces. Releo párrafos con mucha frecuencia y con gran asombro porque a cada nueva lectura de Proust encuentro nuevas posibilidades, nuevas deducciones. Es realmente un mundo tan rico, tan vasto el de Proust, que es difícil que uno, como lector, pueda agotarlo. Es casi infinito.
"Proust es el escritor más escudriñado porque, aparte de su libro que de por sí es una de las tres grandes obras de este siglo, hay un motivo de interés que es el de identificar a los personajes reales, a las circunstancias reales, buscar sus alimentos reales, sus alimentos terrenales en incidentes, en personas, en anécdotas, en idioma, para armar y crear su obra".
--Algunos personajes reales de Proust se han hecho a partir de sus propias fantasías, ¿no?
--No. Lo curioso es que Proust sustentó toda su novela en una serie de realidades, pero escrita magistralmente. La clave de Proust es que él no tomó un personaje real para vaciarlo tal cual en su obra, sino que a ese personaje le surtió características de otros. Por ejemplo, para hacer a la Duquesa de Guermantes tomó la elegancia de una de las aristócratas de su tiempo. Tomó la manera de hablar de otra, de otra tomó el ingenio, de otra su modo de caminar, su modo de hablar, sus ojos. No son personajes inventados, son fraguados a base de la suma de varios.
--¿Se refleja en sus personajes?
--No. Aunque él es el hilo conductor de toda la novela porque es narrador, hay mucho de su propia vida a lo largo de toda su obra. Siempre está presente una novela escrita en primera persona, con excepción de una pequeña obra incerta en esa gran obra, que es como una novela incerta en toda su gran novela, que está en el primer tomo que se llama Un amor de Swann, en que Proust toma la primera persona, pero en todo lo demás está él,enfrentado a ese mundo aristocrático de la Bella Época en decadencia, tan es así, que hay muchos libros que han seguido las pistas reales de lo novelesco en Proust. Un fotógrafo hizo un libro con imágenes de cada uno de los lugares clave en que se desarrolla la novela. Hay otros libros con las fotografías de los personajes reales que estimularon los ficticios de Proust, en fin, hay cantidad. Uno de los más recientes libros es uno lujosísimo hecho en París, llamado Proust y la pintura. Es incansable la pesquiza, el escudriñamiento, la búsqueda de todo el entorno alrededor de su obra En busca del tiempo perdido.
--¿Qué le hizo acercarse a Proust?
--Mi acercamiento fue curioso. Yo tendría entonces unos 25 años y mi cultura literaria era tan pobre, lo sigue siendo en mucho, pero entonces era misérrima, y no sabía de Proust hasta ese momento. Trabajaba en la revista Hoy y tuve que hacer una expedición a la Sierra de Puebla, donde se supone que cayó un avión español. Como iría a estar en un mundo selvático, fui, con la idea de lleva algo para leer, a la librería Juárez, que estaba frente al Caballito y era un sitio muy concurrido, muy surtido y vi en el escaparate, entre otros, un libro que me llamó la atención. Decía "Marcel Proust" y luego ví: Por el camino de Swann y el título me terminó de atrapar.
"Hubo una intuición: presentí que estaba ante un libro especial, un libro que debería leer. Me lo llevé a la sierra y desde un principio entré en él como en algo esperado, como en algo casi conocido y me empecé a deslizar por sus páginas con un deleite, con un gozo, con un asombro de estar así ante el libro que ha sido el más seductor para mí. Se supone que Proust, en principio, no es fácil de leer. Incluso, cuando apareció su obra, había consejos de cómo leerlo. Yo digo que hay que leerlo hasta quedar atrapado porque finalmente uno queda atrapado, eso es indiscutible.
--¿En qué sentido fue seductor el libro?
--Porque en una descripción que hace del ambiente de niño en Por el camino de Swann, encontré muchas similitudes con mi propio ambiente. Mi infancia también fue dolorosa porque fui un niño muy sensible en un medio muy rígido que carecía de amor, de comprensión. Es un medio en el que uno como niño no era niño, era casi un objeto estorboso. Quizá en mi caso, el problema fue mucho más agudo que en el caso de Proust, porque yo tuve la desventaja de ser huérfano y Proust no.
--¿Qué le gusta de la personalidad de Proust?
--Se dijo, creo que con toda la razón, que Proust era un seductor. En las reuniones sociales hacía imitaciones de figuras conocidas.  Además tuvo una enorme capacidad de relaciones humanas con los demás, porque aparte de su obra literaria, que es un caudal, epistolarmente escribió miles de cartas a sus amigos, amigas, conocidos. En la mayoría de ellas interesándose por ellos; se dirigía a ellos con una gran curiosidad.  También mandaba cartas con la preocupación por obtener con exactitud ciertos datos, y es que como en sus libros habla de todo: de numismática, de lingüística, de música, de pintura, fue muy cuidadoso en conseguir el dato que necesitaba. A las tres de la mañana, en que se le ocurrió describir el sombrero de la duquesa de Guermantes, fue a levantar a una amiga suya aristócrata para que buscara un sombrero con tales características que le había visto en la fecha tal y en un lugar tal. Proust es tan seductor que uno se vuelve proustiano.
--Pero ¿qué elemento de seducción lo atrajo? ¿el amor, por ejemplo?
--Me sedujo la magnitud de su obra, las magistrales descripciones, la genia creación de personajes, los diálogos, las referencias de la época y, fundamentalmente, la profundidad con la que enfoca lo que es el amor y lo que son los celos.
"Creo que aunque no estemos tan de acuerdo en todo con él, determina ciertas leyes que sí nos tocan a todos en cuanto a la relación amorosa. El manejo de él de ese tema es doloroso, pesimista, incrédulo. llega a la conclusión de que el amor es una invención, es una enfermedad, es un maleficio del que hay que escapar, hay que librarse, y esto no nos agrada, porque al hablar de amor, pensamos siempre en el gran amor, en el amor bello, en el amor eterno.
--Pero aunque no nos agrade, ¿no cree que sea una invención de nosotros mismos?
--Creo que hay una parte de eso, claro. Hay distintos tipos de amor, pero hay algunos en los que tenemos que darle la razón total a Proust en cuanto a los amores inventados, a los amores que se crean dentro de uno mismo, porque según dice, cuando uno está enamorado de una mujer, uno le envía amor y recibe el propio amor que envió, es decir, que la respuesta es de uno mismo en el caso, claro, de que alguien esté enamorado y no sea correspondido.
--¿Y de los celos?
--Pienso que él ha hecho la indagación más profunda, más recóndita del alma de los celosos; una indagación de cómo es ese mal, es enfermedad.
--¿Y usted es celoso?
--Fui celoso. En Proust,  en cidertas partes me veía retratado. Creo que es una enfermedad que todos hemos padecido en algún momento, pero ya no soy celoso. Es tonto ser celoso. Una mujer decidida a engañar a un hombre, así la encierren en una jaula, engañará. ¿Qué quiere decir si lo va a engañar? Pues, que no lo quiere. Entonces uno no puede pedir a un ser que lo quiera a uno que no lo engañe.
--¿En cuál de las tres veces que leyó a Proust decidió escribir Por caminos de Proust?
--Después de la primera. En realidad mi librito sobre Proust, sí tiene algún valor, pretende acercarle lectores. Es muy útil para quien no ha leído a Proust porque orienta, ayuda y, bueno, se ha escrito tanto sobre el buen Marcel que, aunque sea muy difícil decir algo nuevo sobre él, creo haber podido tener dos hallazgos. Encontré que tanto Proust, como William Faulkner, dos escritores totalmente antípodos, usan tres, cuatro, hasta siete adjetivos, sólo que Proust usa el adjetivo como un pintor trata de obtener un color; va interponiendo un color sobre otro hasta que da el color exacto.  Así es Proust para describir un rostro, un carácter, una situación, un ademán, un paisaje, una mirada. Faulkner, en cambio, lo usa como un latigazo; sus adjetivos son muy violentos, pero es evidente que el estadounidense se inspiró en Proust. Quizás ese es uno de mis pequeños hallazgos ante un escritor que, como decíamos, ha sido el más escudriñado de este siglo.


1 comentario:

  1. Amigos: Para conmemorar el vigésimo aniversario del fallecimiento de Edmundo Valadés, el cuentista más entrañable del mundo, les comparto una entrevista que le hice hace muchos años. Ojalá la puedan compartir. Es interesante su visión sobre la obra de Marcel Proust. Un abrazo

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