Desde luego, su vida era un misterio a resolver. Había que dar con los dueños de los cuadros de Paul, con sus amigos de juventud, con sus amantes, con sus enemigos incluso. Así, un entrevistado me dio el teléfono de otro y ese otro de otro y de otro más...De esa forma, mi cartera de entrevistados estuvo ocupada por artistas plásticos, psiquiatras, escritores, arquitectos, esotéricos, agnósticos, religiosos y filósofos que me hablaban no sólo de Paul Antragne, sino de los personajes que ocuparon su obra como Gille de Rais (el más grande asesino de niños en la Edad Media), Erzsébeth Báthory (condesa húngara del Renacimiento que se bañaba con sangre de las doncellas vírgenes que mató), Cleopatra, Isabel de Baviera, Heliogábalo Augusto, el conde Dracul y otros tantos personajes apocalípticos y mitológicos que dejaron huella por su sadismo y que Paul inmortalizó en una alucinante creación puntillista.
Al principio y movida por una gran curiosidad y entusiasmo por conocer a un personaje tan oscuro, cuyo mundo me era ajeno totalmente, yo era quien formulaba las preguntas a los entrevistados y la familiaridad llegó al punto en que después los entrevistados eran quienes terminaban por preguntarme sobre el, sobre Paul... y así fue que terminé por referirme a él no como Antragne o como el maestro o como el pintor, sino como Paul.
Y es que Paul, sin querer, al fin ya muerto, se convirtió en un gran maestro para mi. Si antes no sabía qué era lo que me movía a escribir sobre su obra tan llena de diablos y perversión, me parece que ahora, haciendo un recuento antes de terminar el 2014, empiezo a comprender que esa búsqueda no era más que la necesidad de encontrar los mecanismos de las mentes criminales precisamente para transformarlas.
Comprendo ahora que la obra de Paul es un legado no sólo por su estética, sino por su contenido tan universal y tan presente. Si bien durante la investigación (que me llevó años) pensaba que aquellos personajes tan siniestros se habían quedado en la distancia que nos separa de la Edad Media y del Renacimiento, ahora me estrello con la realidad no sólo de encontrarlos en esta época, sino de sospechar que se encuentran en nuestro país.
Cada vez que leo las noticias, me encuentro con ese espejo de horror que se ciñe sobre la cara desollada de Julio César Mondragón y me pregunto quién fue ese Gille de Rais que se solazó durante la acción y que ahora permanece libre porque la impunidad lo protege. Y me pregunto qué pasó después con ese asesino. ¿Se habrá arrepentido de alguna forma así como dicen que le sucedió a de Rais, sobre todo cuando por sus crímenes sus años de condena se multiplicaron por tres?
Cada vez que veo los retratos de las mujeres que han muerto buscando a sus hijos, a las muertas de Juárez y demás jovencitas que han desaparecido o cuyos cadáveres han aparecido en condiciones inenarrables, me pregunto dónde están las condesas Báthory que idearon los métodos más tortuosos con tal de beber sangre joven e inocente para llenarse de un poder tan falso y carente de sentido. Cada vez que recuerdo a los niños del ABC, me pregunto si algún exorcista pudiera venir a sacar de México y del planeta a este diablo tan exterminador que ha estado presente en toda la historia de la humanidad, cuyos recuerdos siempre nos remiten a las guerras, batallas, revoluciones, golpes de estado, injusticias, corrupción y todo aquello que detenta el derecho del ser humano a existir, ser libre y feliz....
Cada vez que veo los retratos de las mujeres que han muerto buscando a sus hijos, a las muertas de Juárez y demás jovencitas que han desaparecido o cuyos cadáveres han aparecido en condiciones inenarrables, me pregunto dónde están las condesas Báthory que idearon los métodos más tortuosos con tal de beber sangre joven e inocente para llenarse de un poder tan falso y carente de sentido. Cada vez que recuerdo a los niños del ABC, me pregunto si algún exorcista pudiera venir a sacar de México y del planeta a este diablo tan exterminador que ha estado presente en toda la historia de la humanidad, cuyos recuerdos siempre nos remiten a las guerras, batallas, revoluciones, golpes de estado, injusticias, corrupción y todo aquello que detenta el derecho del ser humano a existir, ser libre y feliz....
¿Y es que a la vuelta del tiempo, con tanta historia de masacre, no hemos aprendido la lección? ¿La vida se hizo para destruirla? ¿Qué tenemos los seres humanos que optamos por la destrucción más que por la construcción? ¿Por qué si el sentido de la vida es encontrar la felicidad y el amor, nos empeñamos en cultivar el odio?
Tengo amigas que de plano se negaron a reproducir las imágenes diabólicas y obscenas de Paul Antragne en sus muros de FB, como si el odio y el genocidio pertenecieran a otro territorio, como si no lo estuvieran pisando en su propia tierra tan llena de fosas, como si no se detectara el olor a sangre saliendo de las alcantarillas, como si el mundo de nuestros desaparecidos fuera de ficción...
Ahora más que nunca, los personajes que interpretó Paul Antragne y que causaron horror entre la sociedad mexicana de los años sesenta, parecen cobrar vida en cada noticia que leo, en cada declaración que más que dar esperanza, apuñala el alma de los mexicanos. Los veo renacer en las fuentes de la masacre, la mentira y el ciego deseo de poder y riqueza que predomina sobre la vida y la dignidad humana.
Ahora más que nunca, los personajes que interpretó Paul Antragne y que causaron horror entre la sociedad mexicana de los años sesenta, parecen cobrar vida en cada noticia que leo, en cada declaración que más que dar esperanza, apuñala el alma de los mexicanos. Los veo renacer en las fuentes de la masacre, la mentira y el ciego deseo de poder y riqueza que predomina sobre la vida y la dignidad humana.
Hoy, esta Navidad, particularmente me siento desencantada. No me siento capaz de felicitar al mundo. Los seres humanos no hemos encontrado la clave para que el amor y la paz sean los ganadores.
Me cuesta trabajo festejar, pero aún así, como tantas personas con las que comulgo en la idea de cambiar esta realidad que nos está comiendo y nos quita el derecho a vivir, a ser libres y felices, todavía tengo la confianza en que la paz y el amor puede más que el odio y la indiferencia. Sólo hay que encontrar la clave y revertir el orden mundial, cuyo foco de acción se ha centrado en el poder más que en el amor.
Me cuesta trabajo festejar, pero aún así, como tantas personas con las que comulgo en la idea de cambiar esta realidad que nos está comiendo y nos quita el derecho a vivir, a ser libres y felices, todavía tengo la confianza en que la paz y el amor puede más que el odio y la indiferencia. Sólo hay que encontrar la clave y revertir el orden mundial, cuyo foco de acción se ha centrado en el poder más que en el amor.
Por eso, en esta Navidad, brindo con Paul Antragne, que quiso decirnos tanto y no pudo porque a él le pasó lo mismo. La indiferencia del mundo lo pateó por completo hasta llevarlo al olvido (como suele pasar en un país en el que todas las masacres terminan por olvidarse y seguimos impulsando un sistema tan atroz y perverso), brindo con él, que fue expulsado por los que no quisieron darse cuenta que en sus manos tenían el cambio.
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