La Jornada
Sábado 14 de
agosto de 1993
La crónica de
una muerte anunciada: la de Paul Antragne
Adela Salinas/ I
Paul Antragne pudo haber dicho que la vida humana se convierte en verdadero
dolor, en verdadero infierno sólo allí donde dos épocas, dos culturas,
religiones se entrecruzan. También pudo haber disfrutado en secreto una
nostalgia de infancia y haberla recreado en su vida de adulto, pudo haberla
puesto en contacto directo con esas presencias extrañas que pintaba, porque
este pintor de origen francés nacido en 1931, fue un lobo estepario, y en su
calidad de lobo y de hombre vivió al acecho de sí mismo.
“Sería un lobo estepario con una
afinación estética al mal, así podría yo definir a Paul Antragne”, dice el
Doctor Mario Cárdenas, quien fuera el profesor de Teresa del Conde y del mismo
Paul Antragne en psicología del arte.
“Nunca conocí yo de Paul un solo
acto que pudiera relacionarse con la maldad, pero sí se fascinaba con ella.
También le gustaba mucho el surrealismo. Veía las películas de Buñuel,
Visconti, Fellini, todo el neorrealismo italiano y ¿sabes cómo le llamaba a su
pintura? ‘Realismo Fantástico’”, apunta el doctor Cárdenas.
Teresa del Conde dice: “Paul
Antragne es u heredero de los poetas malditos y los pintores de fin de siglo
que tomaron el ennui decadentista
como una posibilidad de apurar hasta la última gota el espíritu vital,
pesimista y refinado, que caracterizó la producción artística francesa durante
las últimas décadas del siglo XIX, provocando repercusiones casi unánimes en
todos los países de Europa y América”.
Entonces imaginemos a Paul en su
departamento de Hamburgo esquina con Praga, entre sus antigüedades y muebles
tipo francés comprados en la Lagunilla, escuchando a los clásicos, repitiendo:
“¡El Diablo es quien sostiene los
hilos que nos mueven!/Encontramos atractivos a los objetos repugnantes;/ todos
los días descendemos un paso hacia el infierno,/ sin horror, a través de la
tinieblas que apestan”, como dijera Baudelaire, mientras dibuja a todos esos
personajes tortuosos de la historia como el Marqués de Sade, Gille de Rais o a
la señora Erzsébet Bathory, la condesa húngara que mató a las adolescentes para
bañarse con su sangre para rejuvenecerse.
Paul Antragne era un hombre triste,
con una tendencia depresiva, muy solitario, tenía pocos amigos, era muy
sensible, con un gran conocimiento de los símbolos de la Edad Media, era un
erudito en cuando a la historia de los personajes que dibujaba, flotaba con
ellos en sus propios horrores, comunicándose con los símbolos; el alcohol era
de gran ayuda y de gran desdicha, hinchaba su propia fantasía hasta que
estallaba; los sonidos y las letras y el aire y todo se confundía con su
pintura tan minuciosa, porque tardaba como un mes en terminar un dibujo, y es
que el oficio nunca lo perdió, pero se le fue apagando junto con su vista.
Teresa del Conde, el doctor Cárdenas
y el arquitecto Francisco Villaseñor, coinciden en que Antragne era mejor
dibujante que pintor; el pintor Xavier Esqueda lo prefiere cuando lo conoció
con sus paisajes al óleo, y Evangelina Elizondo, una de sus tres únicos
alumnos, dice que un pintor no es pintor sin antes haber pasado por el dibujo:
“No tuvo más alumnos que dos
muchachos, compañeros en su vida, y yo. Aprendí una técnica muy dedicada, muy
perfeccionista, de mucha dedicación y paciencia porque era puntillismo.
“Paul fu un
maestro muy duro conmigo, era terrible. Yo tenía que ir por él a donde se bajaba del camión para
llevarlo a mi casa. Se quedaba a comer y había que ponerle una botella de vino
al medio día y ese vino tenía que ser muy bueno porque de lo contrario no lo
tomaba.
“A mi marido le
caía de chiste y decía ‘Cómprale sus botellas si a ti te da buenas clases’. No
era un maestro establecido para atender a otros estudiantes. Realmente a mí me
dio clases porque yo lo busqué muchísimo. ‘Paul, quiero que me enseñes a
pintar, por favor’ ‘Pego yo no doy clase, pegdóneme usted, Evangelina’. Nunca
se le quitó su acento francés.
“Era muy prendido. Platicaba que su
familia era muy ilustre. Su primo Louis Jussurand era un pintor uy connotado en
Francia. Gustaban de la literatura, parece que también había escritores en su
familia, Era muy buen amigo, aunque a veces ponía barreras. Mi esposo decía:
‘Llévale una cajita de cogñac o unas corbatitas finas, a ver si así te quiere
dar clases’.
“Cuando logré que fuera mi maestro,
después de comer, me daba la clase dos, tres, cuatro horas, hasta que él se
cansaba, no hasta que yo m cansara. De pronto decía ‘Ya me quiero ir’ y
entonces tenía que dejarlo todo, subirme al coche para llevarlo hasta donde
tomaba su camión y pagarle muy bien.
“Pintó
principalmente con lápices, acuarela, tintas, óleos y gouaches. Empezó con el dibujo porque eso es lo perfecto para un
pintor. Yo le compré más de 20 obras y le proponía que les pusiera color porque
siempre hacía los dibujos en blanco y negro.
“Era un hombre que nunca claudicó,
nunca cedió a las presiones de la sociedad para pintar diferente. Cuando sus
amigos le mandaban hacer obra para ayudarlo económicamente y le pedían, por
ejemplo, naturalezas muertas, Paul hacía la naturaleza muerta, pero en las
manzanas ponía calaveritas y gusanos y cosas horrorosas.
“Paul siempre pintó cosas muy
torturadas, inspiradas en lo diabólico y lo hacía maravillosamente. Se carteaba
con un hombre muy viejo que es el autor del Diccionario
del Diablo, de donde sacó algunos de sus personajes.
“Me fascia su obra, su estilo tan
puro, dentro del tema que no me gusta, fíjate que contradicción. Yo soy
teóloga, y en la tesis que preparo sobre el Espíritu Santo y el Espíritu
Maligno en el Arte Pictórico, uno de mis personajes que representan al Espíritu
Maligno es Paul Antragne”.
Amigos: hoy, hace 21 La Jornada publicó el primer reportaje que hice sobre la vida y obra del pintor Paul Antragne a propósito de su muerte. Les compartiré mi blog hoy, mañana y pasado mañana (pues salió en tres partes). Ese reportaje se convirtió ahora en la biografía novelada que se vende en Amazon y Apple.
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