sábado, 16 de agosto de 2014

No puedo morir porque tengo una obra

La Jornada                             
                                   Lunes 16 de agosto de 1993
§  “No puedo morir, porque tengo una obra”
Antragne, pintor que se opuso a la farsa del modernismo

Adela Salinas III y última

“‘Paul, te quiero ayudar, ¿tienes una placa por ahí que hayas hecho?’ le dije a Paul cuando ya estaba muy grave. Me dio dos placas y yo le saqué diez o doce grabados en mi tórculo. Él me regalaba uno, ése era el trato. Después ya tenía grabados para vender y de eso fue viviendo un tiempo.
            “En la Cruz Roja, días antes de morir, me dijo: ‘¿Sabes qué, Evangelina? Pensé que esto sería un desfile de amigos’.
            “Paul, tuvo un accidente – dice Francisco Villaseñor. Se rompió la pierna y por eso, por accidente, pudo ingresar a la Cruz Roja y ahí se dieron cuenta que estaba muy deteriorado físicamente y lo mantuvieron dentro. Me enteré de su enfermedad porque e habló el último de sus amigos, un maestro que vivió con él en el Valle de Hamburgo antes de tener problemas de alquiler, y luego en el albergue.
            “Pienso que al principio del desequilibrio de Paul fue saber que ya no contaba con un domicilio. Tuvieron breves estadías en casas de amistades. Paul se fue abandonando, era luego muy difícil tratarlo, sim embargo siempre fue muy fiel a sus estímulos. Añoraba mucho. Recordaba a Pedro Coronel en la época de la Ruptura, en que los extranjeros tuvieron dificultad para integrarse a la cultura del país, aunque esto no fue determinante para Paul, su obra era demasiado particular porque tocaba temas sexuales y psicológicos basados en una cultura amplísima, todos relaciones con la historia, con la literatura.
            “Paul estaba cierto que el universo estaba regido en partes iguales, por el bien y por el mal, eran largas conversaciones oíamos mucha música. Sentía un gran respeto por la historia del arte y sabía distinguir mucho si había un aspecto académico para tratarlo con seriedad, pero cuando se trataba de bromear era bastante irónico.
            “Decía mucho haber sido un niño de la guerra, de haber llegado a tener limitaciones económicas. Su mamá murió de tuberculosis y su papá había sido un militar muy estricto y afectado a la copa.
            “Por ahí de los años 70 regresó a Francia porque recibió en herencia, una casa que vendió y con el dinero hizo un largo viaje por el sur de Francia, visitando museos, era apasionado de los museos y conocía a detalle a los pintores que le interesaban. Tenía como muy asimiladas las influencias de una cultura muy francesa. Admiraba muchísimo a Moreau lo imaginativo. Paul tenía una predilección por toda la fantasía, por los telegramas exóticos, el orientalismo. Era un gran opositor a la farsa del modernismo porque decía que detestaba lo que no tenía detalle, lo que no tenía una dedicación formal.
            Algo muy interesante es que siempre tuvo una disposición muy hogareña; se oponía a la vida social.  En cierta época iba a exposiciones con cierta tranquilidad, pero no más que eso. No tenía estímulos en asistir a espectáculos o donde había tumultos, mejor recibir en su casa.
            “Era selectivo sin ser elitista, porque nunca tuvo una predilección por quien tuviera una oposición social acomodada. Su trabajo era lo más importante. Alguna vez lo visitaron Xavier Moyssén y Teresa del Conde. Moyssén le dijo: ‘Usted tiene una obra, Paul’ y Paul decía con mucha satisfacción: ‘Es que yo no puedo morir, no puedo desaparecer porque tengo una obra’ y me impresionaba que estuviera tan consciente de una obra. Era paradójico, porque a la vez fue un personaje bastante conocido a pesar de haber tenido muy buenas exposiciones y muy buenas relaciones, pero fue la falta de habilidad social. Era incapaz de promoverse, de aprovechar influenciar.
            “Yo creo que se reconocía como una persona con un destino para manejar estos temas por su propia categoría espiritual. Como que nunca se preguntaba por qué pasaban las cosas, nunca se consideró víctima, más bien estaba muy consciente de toda una parte de la humanidad como víctima de la otra parte de la humanidad que no tiene esa espiritualidad desarrollada.
            “Le interesaban mucho la noticias. Nunca tuvo televisión ni radio. Las noticias las veía en los kioskos de los periódicos y ahí de leía todos los encabezados. Estuvo muy de parte de los intereses de las colectividades, sin llegar al socialismo. Le daban una gran desconfianza el capitalismo como el socialismo…”.
            Un poco antes de que lleguen a la Cruz Roja el arquitecto Villaseñor y el doctor Cárdenas, entra a Baudelaire y antes de que lo cremen y lleven sus cenizas a la cripta que el doctor Cárdenas y su esposa cedieron ene l sótano de la Basílica de Guadalupe, Baudelaire y Antragne repiten juntos: En las cuevas de insondable tristeza/ donde el destino ya me ha relegado;/ donde jamás entra un rayo rosa y alegre;/ donde, solo con la Noche, desagradable hotelera/ soy como un pintor que un dios burlón/ condena a pintar, ¡ay!, sobre las tinieblas;/ donde, cocinero de los apetitos fúnebre,/hago hervir y como mi corazón,/ por instantes brilla, y se alarga, y se muestra/ un espectro hecho de gracia y de esplendor./ Por su soñador aire oriental,/ cuando alcanza su total grandeza,/ reconozco a mi bella visitante:/ ¡Es Ella, negra y, no obstante, luminosa.
            Paul Antragne murió un 26 de julio de 1993.




1 comentario:

  1. Amigos: ésta es la tercera y última parte del reportaje que hice hace 21 años a propósito de la muerte de Paul Antragne. Por si les interesa el libro, está en Amazon y en Apple (Ibook). Mil gracias por compartir.

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