sábado, 16 de agosto de 2014

La condesa sangrienta

La condesa más sangrienta de la historia murió un día como hoy, pero hace 400 años

Con motivo de la muerte Erzsébet Báthory, condesa húngara del Renacimiento, cuya leyenda está relacionada con la brujería, el demonismo y el vampirismo, les comparto un fragmento de mi libro
Crónica del delirio, el oscuro reflejo de Paul Antragne, editado por Los libros del sargento.

"(Paul Antragne)también se imaginaba a Erzsébet Báthory, esa poderosa condesa húngara, la ‘Gilles de Rais sin grandeza’, encerrando a sus muchachas vírgenes en unas jaulas que subía a un techo de picotas para exprimirlas y bañarse con su sangre buscando rejuvenecerse. En ese recuadro mental, Paul era una de las virgenes congeladas de pavor, en un punto de no retorno, donde la voluntad propia está ciega y sorda por la inevitable y dolorosa muerte de ser perforada y exprimida por esos picos que se acercan, que se acercan más, que se acercan, que apenas se tocan. En ese apenas, Paul se convertía en la condesa, pues la perforación era lo de menos. Las vírgenes ya no entendían qué estaba pasando, su conciencia, su darse cuenta del crimen sobre ellas ya no existía, gritaban por efectos del primer golpe doloroso y ya, con un dolor completamente instintivo y primitivo, donde la razón no cabe, punto. Al primer golpe, lo más probable es que quedaran sin conocimiento. Toda su conciencia de vida había muerto de terror durante el ascenso en la jaula. Ése había sido el dolor real.
“Durante la acción misma de ser perforadas, se encendía la lujuria de la condesa, su rictus apenas un segundo inexpresivo y distante ante su masacre, se transformaba en movimientos sensuales, sinuosos, felinos, que se acompañaban de jadeos envueltos en el deleite de recibir la sangre como un néctar caliente, su cara vuelta al techo, abierta a la pócima virginal que le devolvería la juventud; entonces sus manos entraban en acción, untándose hasta la masturbación esa sangre nueva, a la vista vouyerista de sus dos carceleras.
“Paul investigó a fondo la vida de la condesa y decidió representarla en sus distintas facetas.
“Fue de esa forma como al lado derecho de su lienzo apareció el sello de los Báthory con los dientes de lobo salvaje, emblema que cultivaba la grandeza y poder de esta familia real de locos que gobernaba la Hungría del Renacimiento y de la que nació esta condesa sangrienta, que para Paul fue la alimaña de Csejthe, la Gilles de Rais femenina sin grandeza, la del alto linaje, la narcisista, la que se sentaba en los aposentos de su belleza, la que cultivaba su vanidad a base de sangre, la que acumulaba altibajos en un sólo golpe de vista. Fue ella a quien Paul dibujó con los ojos fijos de los asesinos, hundida entre calaveras, ornamentada con un sapo, un collar de muerte y un escorpión como su signo zodiacal. Paul cuidaba el vestuario de esta mujer de Ferencz Nadadsy, uno de los más poderosos hombres de la Hungría, por quien evitó la pena de muerte, pero sí recibió aislamiento, soledad y clausura entre sus muros para que se ahogara con el eco de los lamentos de seiscientas cincuenta muchachas torturadas con las más espeluznantes manías. Miles de puntos conformaron su vestido negro y rayado; miles de puntos delinearon su cara tan blanca hecha con los influjos de esa luna llena en fase con mercurio bajo la cual nació y que le provocó la locura del sadismo. Paul interpretó su mirada hecha de la sangre en la que se bañaba para rejuvenecerse, acentuada con la desvelada nocturna para invocar al demonio, interpretó su sonrisa de fuerza maniática. La interpretó tan irremediablemente bella y fría, altiva como los más grandes asesinos de todos los tiempos. La interpretó con su perfil griego; la pintó sometiendo a una sirvienta capturada por Jó Illona y Dorkó, las mujeres de los Cárpatos que trabajaban para ella; la interpretó rebuznando su lujuria sanguinaria, coleccionando ya no sólo a las sirvientas, sino a las doncellas e hijas de nobles; la interpretó con el poder en la frente, en los ojos y los dientes, devastando pueblos enteros, su corona estuvo llena de muerte.

“Paul cuidó su imagen perfecta porque así ella se lo pidió, su expresión no tiene forma, es una mujer sin edad, la misma que se escondía tras los muros de sus sótanos para ahogar los gritos de las torturadas, la que nunca se agaapó más que con la fuerza de su propia cólera de mujer loba, la que chirriaba por las noches y masticaba carne humana, la que hablaba con una boca sinuosa, la voyeur, la necrofílica, la que nunca soñaba, la alucinada, la de las manos blancas y alargadas, la de los anillos de perlas, la de las cizallas, la del potro, la de las planchas calientes, la que congelaba a las muchachas que se resistían, la que provocaba los más desgarradores gemidos perforándolas con los cinco puñales acerados de la ‘Doncella de Hierro’, una especie de maniquí color carne que movía los ojos mientras se acercaba a la víctima; así era Erzsébet, la que buscaba a la vieja Darvulia ‘la bruja del bosque’, que vivía cerca de Sárvár y con quien reafirmó sus rasgos de locura aullándole a la luna, la que se amparó con la bruja Majarova, sucesora de Darvulia, de esa Darvulia, por quien aprendió a usar el veneno de las hojas de belladona, beleño y estramonio para blanquear su cara, y por quien aprendió a ver morir desde lo alto de su montaña de poder; así era Erzsébet, la mujer más sádica de la historia, quien después de una agonía lenta, murió el 21 de agosto de 1614 desgarrada por el tiempo, carcomida entre la oscuridad y el vacío, y empalada en la inmensidad del castillo de Csejthe, su gran dominio.

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1 comentario:

  1. Qué terror que todavía existan muchas "Erszébeth Báthory" caminando por el mundo. Hay que conocer de qué están hechas esas almas sanguinarias.

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