viernes, 15 de agosto de 2014

Las perversiones sexuales: libro prohibido

La Jornada                             
                                   Domingo 15 de agosto de 1993

§  Las perversiones sexuales, libro prohibido
Antragne prefirió solazarse dibujando en la retaguardia

Adela Salinas/ II Paul Antragne era de Issoudun, “una ciudad histórica, ahí estuvo Ricardo Corazón de León y La Torre Blanca”. Pintaba desde muy pequeño. Su madre murió cuando él tenía diez años, entonces vivió con su tía que se opuso a que Paul fuera pintor.
            Estudio en la Grand Chaumiere de París y en el Louvre. Llegó a México en 1956 y monto su primera exposición individual en 1959. Su obra se incluye en la colección permanentemente del Museo de Arte Moderno. En 1975 se juntaron la ingeniera Sonia Campanella, Salvador Elizondo, el doctor Cárdenas y Paul Antragne para formar la editorial Gille de Rais en la que sacaron sólo un libro: Las perversiones sexuales. La Secretaría de Educación Pública no dio permiso de vender el libro, por los dibujos de Paul.
            “Hicimos dos mil ejemplares y subterráneamente se vendieron todos. Los compraron psicoanalistas, homosexuales, artistas, pero nunca salió a la luz pública – dice Mario Cárdenas –.
“El libro tuvo éxito porque estaba bien hecho, No todos los dibujos eran de la misma calidad porque nos agarraron las prisas y Paul hizo algunos dibujos un poco apresurados.
            “Mira, ésta es Valeria Mesalina Augusta, esposa de un emperador romano. Era una mujer tan ardiente que salía a fornicar con los soldados, ella misma se está masturbando. Si tú ves, el libro está lleno de referencias sexuales. El sexo era otra obsesión de Paul, el sexo más bien orientado hacia la homosexualidad”.
            El arquitecto Francisco Villaseñor se juntaba con ellos y dice que tratar del tema de las perversiones es muy apetitoso.
            “En realidad era una forma de identificación a no participar de lo contrario que sería la oposición a la libertad sexual. Entrar en los establecimientos sociales era una inhibición.
            Villaseñor conserva un libro que le dedicó Paul. Al reverso del dibujo El Emperador Heliogábalo Augusto, Antragne explica: “El Emperador Heliogábalo Augusto en actitud orante como gran sacerdote del sol aparece en el pórtico en forma de vagina flanqueda por dos falos que, a manera de columnas, mantienen abiertas la entrada de Emea…”
            Pasan La reina Herodías con su hija Salomé, el cadáver de Cleopatra violado por un soldado romano, la papisa Juana, la Creación de Lilith, el Ángel de Sodoma, con su cuerpo hueco en medio de la ciudad incendiada por los pecados; pasan falos, monstruos, diablos, y grandes ojos puestos en el espectador que va siendo poseído por las perversiones, por una Cleopatra con un sapo (símbolo del demonio), en el sexo, simulando un falo.
            Paul se enlistó muy joven en el ejército francés y el oficial se acercó: “Si me haces unos dibujos eróticos, no te mando al frente”, entonces Paul se quedaba en retaguardia dibujando escenas eróticas para no ir a la batalla. Era infantil, malicioso, se reía de la sexualidad. Se quedó en la retaguardia de su imaginación dibujando, leyendo, cocinando. Es famosísimo como cocinero. El doctor Cárdenas platica que cocinaba unos pollos a la Petronio rellenos de salchichas con trufas, unas papas chiquitas a la provenzal, con pimienta roja exquisitos, siempre con un buen vino. Villaseñor dice: “Una de sus pasiones fue la cocina y la comida, yo creo que eso lo mantuvo durante mucho tiempo en buen estado porque aunque tenía una afición desbordada por el alcohol no dejaba de comer y comía muy bien, le gustaba la mesa árabe. Todo lo árabe. Leía mucho sobre religiones antiguas y admiraba la generosidad de los islámicos”.
            Leía todo: Virginia Wolfe, Herman Hesse, Baudelaire, Rimbaud, Conrad; le encantaba Moby Dick, todo lo relacionado con el mar, el misterio, y el ocultismo porque, dice el doctor Cárdenas también tenía libros de magia negra.
            Y agrega: “Paul no era un sujeto diabólico, más bien, su comportamiento era bastante respetuoso y ordenado. Nunca fue descarado y hasta se llevaba bien con los niños. Cuando iba a la casa, jugaba con mis hijos, luego nos demos de ver y no tenía teléfono.
            Admiraba mucho a Gauguin, Moreau y el Bosco. Desde que de niño miró al Bosco, le dio por pintar diablos. “Tú eres de la calidad de Bosco”, le decía Evangelina y él contestaba que no lo podían comprar, pero se ponía feliz.
“Él soñaba con las figuras y los motivos diabólicos y cuando se sentaba en la mesa simplemente iban saliendo de sus manos. Paul decía que no era tanto lo que pensaba como lo que salía de sus manos, por eso yo aseguro que el espíritu diabólico puede acaparar la temática o una parte del hombre para cuando está pintando. Esta es otra parte a tratar en mi tesis”. Dice Evangelina Elizondo.
            D Francia a México, de la calle de Hamburgo a un albergue y luego a la Cruz Roja, Paul Antragne no perdió la facultad de soñar; se acordaba de lo que Baudelaire decía: “Soñar es una facultad divina y misteriosa, porque mediante el sueño el hombre se comunica con el mundo tenebroso que lo rodea”. Ahí estaba como Rimbaud sacrificándolo todo con tal de descubrir, de experimentar; tal vez era su propio experimento porque también como un lobo estepario tenía dos almas dentro de ellas, lo divino y lo demoniaco, el goce y el sufrimiento…


1 comentario:

  1. Amigos: aquí tienen la segunda de tres partes del primer reportaje que hice sobre la vida y obra del pintor Paul Antragne. Nunca hubiera pensado publicar un libro sobre él 21 años después.

    ResponderBorrar