La Jornada
Domingo 15 de
agosto de 1993
§ Las perversiones sexuales, libro prohibido
Antragne
prefirió solazarse dibujando en la retaguardia
Adela Salinas/ II Paul Antragne era de Issoudun,
“una ciudad histórica, ahí estuvo Ricardo Corazón de León y La Torre Blanca”.
Pintaba desde muy pequeño. Su madre murió cuando él tenía diez años, entonces
vivió con su tía que se opuso a que Paul fuera pintor.
“Hicimos dos mil ejemplares y
subterráneamente se vendieron todos. Los compraron psicoanalistas,
homosexuales, artistas, pero nunca salió a la luz pública – dice Mario Cárdenas
–.
“El
libro tuvo éxito porque estaba bien hecho, No todos los dibujos eran de la
misma calidad porque nos agarraron las prisas y Paul hizo algunos dibujos un
poco apresurados.
“Mira, ésta es Valeria Mesalina
Augusta, esposa de un emperador romano. Era una mujer tan ardiente que salía a
fornicar con los soldados, ella misma se está masturbando. Si tú ves, el libro
está lleno de referencias sexuales. El sexo era otra obsesión de Paul, el sexo
más bien orientado hacia la homosexualidad”.
El arquitecto Francisco Villaseñor
se juntaba con ellos y dice que tratar del tema de las perversiones es muy
apetitoso.
“En realidad era una forma de
identificación a no participar de lo contrario que sería la oposición a la
libertad sexual. Entrar en los establecimientos sociales era una inhibición.
Villaseñor conserva un libro que le
dedicó Paul. Al reverso del dibujo El
Emperador Heliogábalo Augusto, Antragne explica: “El Emperador Heliogábalo
Augusto en actitud orante como gran sacerdote del sol aparece en el pórtico en
forma de vagina flanqueda por dos falos que, a manera de columnas, mantienen
abiertas la entrada de Emea…”
Pasan La reina Herodías con su hija Salomé, el cadáver de Cleopatra violado
por un soldado romano, la papisa Juana, la Creación de Lilith, el Ángel de
Sodoma, con su cuerpo hueco en medio de la ciudad incendiada por los
pecados; pasan falos, monstruos, diablos, y grandes ojos puestos en el
espectador que va siendo poseído por las perversiones, por una Cleopatra con un
sapo (símbolo del demonio), en el sexo, simulando un falo.
Paul se enlistó muy joven en el
ejército francés y el oficial se acercó: “Si me haces unos dibujos eróticos, no
te mando al frente”, entonces Paul se quedaba en retaguardia dibujando escenas
eróticas para no ir a la batalla. Era infantil, malicioso, se reía de la
sexualidad. Se quedó en la retaguardia de su imaginación dibujando, leyendo,
cocinando. Es famosísimo como cocinero. El doctor Cárdenas platica que cocinaba
unos pollos a la Petronio rellenos de salchichas con trufas, unas papas
chiquitas a la provenzal, con pimienta roja exquisitos, siempre con un buen
vino. Villaseñor dice: “Una de sus pasiones fue la cocina y la comida, yo creo
que eso lo mantuvo durante mucho tiempo en buen estado porque aunque tenía una
afición desbordada por el alcohol no dejaba de comer y comía muy bien, le
gustaba la mesa árabe. Todo lo árabe. Leía mucho sobre religiones antiguas y
admiraba la generosidad de los islámicos”.
Leía todo: Virginia Wolfe, Herman
Hesse, Baudelaire, Rimbaud, Conrad; le encantaba Moby Dick, todo lo relacionado con el mar, el misterio, y el
ocultismo porque, dice el doctor Cárdenas también tenía libros de magia negra.
Y agrega: “Paul no era un sujeto
diabólico, más bien, su comportamiento era bastante respetuoso y ordenado.
Nunca fue descarado y hasta se llevaba bien con los niños. Cuando iba a la
casa, jugaba con mis hijos, luego nos demos de ver y no tenía teléfono.
Admiraba mucho a Gauguin, Moreau y
el Bosco. Desde que de niño miró al Bosco, le dio por pintar diablos. “Tú eres
de la calidad de Bosco”, le decía Evangelina y él contestaba que no lo podían
comprar, pero se ponía feliz.
“Él soñaba con
las figuras y los motivos diabólicos y cuando se sentaba en la mesa simplemente
iban saliendo de sus manos. Paul decía que no era tanto lo que pensaba como lo
que salía de sus manos, por eso yo aseguro que el espíritu diabólico puede
acaparar la temática o una parte del hombre para cuando está pintando. Esta es
otra parte a tratar en mi tesis”. Dice Evangelina Elizondo.
D Francia a México, de la calle de
Hamburgo a un albergue y luego a la Cruz Roja, Paul Antragne no perdió la
facultad de soñar; se acordaba de lo que Baudelaire decía: “Soñar es una
facultad divina y misteriosa, porque mediante el sueño el hombre se comunica
con el mundo tenebroso que lo rodea”. Ahí estaba como Rimbaud sacrificándolo
todo con tal de descubrir, de experimentar; tal vez era su propio experimento
porque también como un lobo estepario tenía dos almas dentro de ellas, lo
divino y lo demoniaco, el goce y el sufrimiento…
Amigos: aquí tienen la segunda de tres partes del primer reportaje que hice sobre la vida y obra del pintor Paul Antragne. Nunca hubiera pensado publicar un libro sobre él 21 años después.
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