La Jornada
Lunes 16 de
agosto de 1993
§ “No puedo morir,
porque tengo una obra”
Antragne, pintor
que se opuso a la farsa del modernismo
Adela Salinas III y última
“‘Paul, te
quiero ayudar, ¿tienes una placa por ahí que hayas hecho?’ le dije a Paul cuando
ya estaba muy grave. Me dio dos placas y yo le saqué diez o doce grabados en mi
tórculo. Él me regalaba uno, ése era el trato. Después ya tenía grabados para
vender y de eso fue viviendo un tiempo.
“Paul, tuvo un accidente – dice
Francisco Villaseñor. Se rompió la pierna y por eso, por accidente, pudo
ingresar a la Cruz Roja y ahí se dieron cuenta que estaba muy deteriorado físicamente
y lo mantuvieron dentro. Me enteré de su enfermedad porque e habló el último de
sus amigos, un maestro que vivió con él en el Valle de Hamburgo antes de tener
problemas de alquiler, y luego en el albergue.
“Pienso que al principio del
desequilibrio de Paul fue saber que ya no contaba con un domicilio. Tuvieron
breves estadías en casas de amistades. Paul se fue abandonando, era luego muy
difícil tratarlo, sim embargo siempre fue muy fiel a sus estímulos. Añoraba
mucho. Recordaba a Pedro Coronel en la época de la Ruptura, en que los
extranjeros tuvieron dificultad para integrarse a la cultura del país, aunque
esto no fue determinante para Paul, su obra era demasiado particular porque
tocaba temas sexuales y psicológicos basados en una cultura amplísima, todos
relaciones con la historia, con la literatura.
“Paul estaba cierto que el universo
estaba regido en partes iguales, por el bien y por el mal, eran largas
conversaciones oíamos mucha música. Sentía un gran respeto por la historia del
arte y sabía distinguir mucho si había un aspecto académico para tratarlo con
seriedad, pero cuando se trataba de bromear era bastante irónico.
“Decía mucho haber sido un niño de
la guerra, de haber llegado a tener limitaciones económicas. Su mamá murió de
tuberculosis y su papá había sido un militar muy estricto y afectado a la copa.
“Por ahí de los años 70 regresó a
Francia porque recibió en herencia, una casa que vendió y con el dinero hizo un
largo viaje por el sur de Francia, visitando museos, era apasionado de los
museos y conocía a detalle a los pintores que le interesaban. Tenía como muy
asimiladas las influencias de una cultura muy francesa. Admiraba muchísimo a
Moreau lo imaginativo. Paul tenía una predilección por toda la fantasía, por
los telegramas exóticos, el orientalismo. Era un gran opositor a la farsa del
modernismo porque decía que detestaba lo que no tenía detalle, lo que no tenía
una dedicación formal.
Algo muy interesante es que siempre
tuvo una disposición muy hogareña; se oponía a la vida social. En cierta época iba a exposiciones con cierta
tranquilidad, pero no más que eso. No tenía estímulos en asistir a espectáculos
o donde había tumultos, mejor recibir en su casa.
“Era selectivo sin ser elitista,
porque nunca tuvo una predilección por quien tuviera una oposición social
acomodada. Su trabajo era lo más importante. Alguna vez lo visitaron Xavier
Moyssén y Teresa del Conde. Moyssén le dijo: ‘Usted tiene una obra, Paul’ y
Paul decía con mucha satisfacción: ‘Es que yo no puedo morir, no puedo desaparecer
porque tengo una obra’ y me impresionaba que estuviera tan consciente de una
obra. Era paradójico, porque a la vez fue un personaje bastante conocido a
pesar de haber tenido muy buenas exposiciones y muy buenas relaciones, pero fue
la falta de habilidad social. Era incapaz de promoverse, de aprovechar
influenciar.
“Yo creo que se reconocía como una
persona con un destino para manejar estos temas por su propia categoría
espiritual. Como que nunca se preguntaba por qué pasaban las cosas, nunca se consideró
víctima, más bien estaba muy consciente de toda una parte de la humanidad como
víctima de la otra parte de la humanidad que no tiene esa espiritualidad
desarrollada.
“Le interesaban mucho la noticias.
Nunca tuvo televisión ni radio. Las noticias las veía en los kioskos de los
periódicos y ahí de leía todos los encabezados. Estuvo muy de parte de los
intereses de las colectividades, sin llegar al socialismo. Le daban una gran
desconfianza el capitalismo como el socialismo…”.
Un poco antes de que lleguen a la
Cruz Roja el arquitecto Villaseñor y el doctor Cárdenas, entra a Baudelaire y
antes de que lo cremen y lleven sus cenizas a la cripta que el doctor Cárdenas
y su esposa cedieron ene l sótano de la Basílica de Guadalupe, Baudelaire y
Antragne repiten juntos: En las cuevas de insondable tristeza/ donde el destino
ya me ha relegado;/ donde jamás entra un rayo rosa y alegre;/ donde, solo con
la Noche, desagradable hotelera/ soy como un pintor que un dios burlón/ condena
a pintar, ¡ay!, sobre las tinieblas;/ donde, cocinero de los apetitos
fúnebre,/hago hervir y como mi corazón,/ por instantes brilla, y se alarga, y
se muestra/ un espectro hecho de gracia y de esplendor./ Por su soñador aire
oriental,/ cuando alcanza su total grandeza,/ reconozco a mi bella visitante:/
¡Es Ella, negra y, no obstante, luminosa.
Paul Antragne murió un 26 de julio
de 1993.
Amigos: ésta es la tercera y última parte del reportaje que hice hace 21 años a propósito de la muerte de Paul Antragne. Por si les interesa el libro, está en Amazon y en Apple (Ibook). Mil gracias por compartir.
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